El viento recorría la terraza del edificio en construcción, agitando los bordes del vestido blanco de Valeria y su cabello negro largo. Muy abajo, las luces de la ciudad parpadeaban. Mariel, con su traje sastre gris oscuro, la guiaba con voz dulce, aunque sus manos se apretaban y su mirada iba y venía hacia las barreras de seguridad. Valeria caminaba apoyada en su bastón blanco y llevaba puestas las gafas oscuras.
—Ya casi llegamos, Valeria. Tengo una sorpresa para ti —dijo Mariel.
—¿Por qué estamos aquí arriba? —preguntó Valeria, deteniéndose.
—Confía en mí. Todo está preparado —respondió la otra, con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.
Mariel volvió a insistir para que avanzaran hacia la zona restringida. En ese momento Valeria se paró firme, se quitó las gafas oscuras y la miró directamente.
—No necesito dar otro paso, Mariel.
—¿Cómo supiste lo que planeaba? —preguntó Mariel, sin poder ocultar su sorpresa.
—Porque nunca dejé de observarte.
Un pequeño dron de vigilancia apareció flotando sobre ellas, manteniéndose a distancia segura.
—¿Qué significa todo esto? —tartamudeó Mariel.
—Cada conversación quedó registrada —explicó Valeria con calma—, y las pruebas ya están en manos de las autoridades.
Mariel levantó la vista hacia el aparato, temblando. Valeria se volvió a poner las gafas oscuras y se quedó quieta, mientras el viento seguía soplando sobre la terraza.
Pero Mariel todavía guardaba un secreto que Valeria desconocía… ve al primer comentario.