Episodio 4: Te amaré aunque me odies
Esa misma tarde, Isabella fue a ver a su madre. Se sentaron juntas en la sala, y con manos temblorosas, le mostró la fotografía que Valeria había dejado sobre la mesa. Al ver la imagen, el rostro de su madre se transformó por completo. Sus ojos se llenaron de lágrimas que había contenido durante años, y con la voz quebrada, comenzó a hablar de aquello que siempre había callado. —Hay algo que nunca te conté… tu padre iba a denunciar a la familia de Alejandro. Lo que todos creían que había sido un trágico accidente de carretera no había sido casualidad, sino algo mucho más oscuro y deliberado. Isabella escuchaba cada palabra sintiendo cómo el mundo que conocía se desmoronaba poco a poco.
Mientras tanto, en una oficina oscura y lujosa, Alejandro se enfrentó a su padre por primera vez en su vida. Lo miró a los ojos y preguntó con voz firme, aunque con el corazón latiéndole con fuerza: —¿Tú provocaste aquel accidente? Su padre se puso de pie de golpe y golpeó el escritorio con la palma de la mano, sin rastro de remordimiento en su rostro. —¡Lo hice para proteger nuestra empresa! ¡Y tú no vas a destruir todo lo que he construido por una mujer! Alejandro retrocedió. En ese momento comprendió que su padre era capaz de cualquier cosa, y que él también había vivido rodeado de mentiras durante toda su vida. La decepción que sentía era aún más dolorosa que la rabia.
Horas más tarde, bajo una lluvia tan intensa como aquella noche en que se conocieron, Alejandro llegó hasta la puerta de la casa de Isabella. Llevaba consigo una carpeta llena de documentos que había conseguido recopilar, pruebas que demostraban la verdad sobre lo que había sucedido años atrás. Cuando ella abrió la puerta, lo miró con dolor y desconfianza, y no dio un paso al frente para dejarlo entrar. —No puedo cambiar el pasado, pero puedo ayudarte a hacer justicia —le dijo él con voz suave, sabiendo que no tenía derecho a pedirle nada. Isabella negó con la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas. —¿Y cómo voy a volver a confiar en ti? Alejandro dejó la carpeta en sus manos con delicadeza. No intentó insistir. Solo la miró una última vez y se marchó, desapareciendo entre la lluvia y la oscuridad.
Isabella se quedó sola en el umbral, abrazando los documentos contra su pecho. Cuando abrió el sobre, encontró una última fotografía escondida entre las hojas. En ella, Alejandro era apenas un niño pequeño, con la mirada perdida y triste, tomada justo unos meses después del accidente. En el reverso había una sola frase escrita con su letra: «Yo también perdí a mi familia aquel día». Entonces lo comprendió todo: él no era el villano de su historia. Alejandro también había sido una víctima, obligado a llevar una culpa que no le correspondía, luchando en silencio contra su propia sangre. Con el corazón latiéndole con fuerza, Isabella alzó la vista hacia la calle mojada, sabiendo que el amor que sentían no era una equivocación… pero que amarse sería la batalla más difícil de sus vidas.