Huyó de su esposo infiel… y un accidente cambió su destino !

La noche envolvía la ciudad con un cielo oscuro y pesado. Dentro del dormitorio elegante de la mansión, la luz de las lámparas de mesa proyectaba sombras largas sobre las paredes. Ana sostenía entre sus manos el documento de divorcio que había redactado días atrás, después de descubrir la traición de Víctor. Sus dedos temblaban levemente, pero su decisión ya estaba tomada.

Cuando Víctor terminó una llamada telefónica, se puso la chaqueta del traje oscuro y se preparó para salir. Ana lo detuvo con la voz triste, pero firme:
—Víctor, quiero que nos divorciemos.

Él la miró con seriedad y tono cortante:
—No vuelvas a mencionar eso. Tengo una emergencia.

Sin darle tiempo de responder, salió de la habitación. Ana se quedó sola en medio del dormitorio. Miró el papel, se quitó el anillo de matrimonio, lo guardó con cuidado en un pequeño bolsillo de su maleta y se dijo para sí misma:
(Voz en off)
«Después de su traición, tenía que empezar de nuevo.»

Horas después, la lluvia caía con fuerza sobre la carretera urbana. Los faros de los vehículos dejaban rayos brillantes sobre el asfalto mojado. Ana conducía despacio, con la mirada fija en la vía y la mente llena de recuerdos dolorosos. De repente, una camioneta que venía detrás no alcanzó a frenar por completo y se produjo un choque leve. Los dos vehículos se detuvieron al borde de la calzada.

El chofer bajó con un gran paraguas, caminó con cuidado por el pavimento resbaladizo y se acercó hasta la ventanilla de Ana:
—Señorita, ¿se encuentra bien?

—Sí, no tengo heridas, pero prefiero esperar a la policía —respondió ella con voz cansada.

—Entiendo. Avisaré a mi jefe —dijo el chofer y regresó hacia la camioneta.

Se abrió la puerta trasera. El jefe desconocido bajó con su propio paraguas, se acercó hasta donde estaba Ana, que permanecía junto a su auto bajo la lluvia, empapándose poco a poco.
—¿Está segura de que se encuentra bien? —preguntó con amabilidad.

Sin decir más, se quitó su saco elegante y se lo ofreció para protegerla del agua.
Ana, muy sorprendida por aquel gesto, respondió:
—Gracias… ¿quién es usted?

El hombre la miró fijamente a los ojos. Justo en ese instante, su teléfono empezó a sonar.

CORTE A NEGRO.

(Voz en off)
«Ana huyó de un matrimonio roto, pero aquel encuentro podría cambiarlo todo. La continuación, ve al primer comentario.»

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