En el restaurante de lujo, la noche avanzaba con música suave y luces cálidas. Mariana, con el cabello castaño recogido, su uniforme negro y el delantal blanco, se acercó a la mesa donde estaban los tres empresarios y sirvió el vino con cuidado.
—Excelente elección, señores. Es uno de los mejores vinos de la casa —dijo amablemente.
El primer empresario la miró con desdén:
—Nadie te pidió tu opinión. Limítate a servir.
—Disculpe, señor —respondió Mariana con serenidad.
El segundo empresario soltó una risa burlona:
—Y aprende cuál es tu lugar.
Mariana guardó silencio y se dispuso a retirarse.
—¡Espera! Llama al dueño de este restaurante —ordenó el primer empresario.
—Por supuesto, señor —dijo Mariana.
Poco después llegó el dueño, con su traje beige y el pañuelo morado.
—Buenas noches. ¿Cuál es el problema?
—Su camarera nos está faltando al respeto —aseguró el segundo empresario.
El dueño se colocó junto a Mariana:
—Mariana, ¿qué ocurrió?
—Solo les recomendé el vino, señor —respondió ella.
—Si el restaurante fuera mío, ya estaría despedida —afirmó el primer empresario con arrogancia.
El dueño levantó ligeramente las cejas y los miró fijamente:
—¿Despedida? Señores… ¿saben quién es realmente Mariana?
Los tres hombres se miraron entre sí, desconcertados. Mariana permaneció en silencio.
CORTE A NEGRO.
(Voz en off)
«Lo que estaban a punto de descubrir cambiaría esa noche para siempre. La continuación, ve al primer comentario.»