La noche caÃa sobre la mansión. Por los pasillos largos de mármol las lámparas doradas proyectaban sombras alargadas, mientras desde el salón llegaban los sonidos lejanos de la música y las voces de los invitados. Beatriz iba caminando para buscar a Julián y recordarle que pronto empezarÃa el brindis de su aniversario, cuando al doblar la esquina lo vio de espaldas. Ella se detuvo de golpe y se refugió detrás de una puerta entreabierta, sin querer interrumpirlo.
Julián sostenÃa el teléfono pegado al oÃdo, con una sonrisa frÃa y calculadora que Beatriz nunca le habÃa visto. Hablaba muy bajo para que nadie más lo escuchara:
—Tranquilo. Beatriz todavÃa cree que esta noche celebraremos nuestro aniversario.
Se detuvo un instante, miró hacia el salón y siguió diciendo:
—Cuando termine la fiesta, tendrá una sorpresa que jamás olvidará.
Beatriz se quedó sin aliento. Se llevó una mano a la boca para no soltar un grito. Hasta ese momento ella creÃa que esa noche era solo para los dos, rodeados de personas que los querÃan; ahora entendió que todo era parte de un plan que su esposo habÃa preparado a sus espaldas. Su corazón empezó a latir con mucha fuerza y permaneció quieta, tratando de no hacer ningún ruido para seguir escuchando.