Olivia se quedó de pie frente al amplio escritorio de madera oscura, apretando su currículum contra el pecho con los dedos entrelazados, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza en el pecho. En ese instante de silencio incómodo, comprendió con claridad meridiana que había cometido los dos errores más desafortunados de su vida: primero, adornar demasiado su currículum con exageraciones que ahora pesaban como piedras en su conciencia, y segundo, confesarle todos sus pequeños secretos y faltas a un completo desconocido durante un vuelo turbulento. Y lo más irónico y aterrador de todo era que aquel desconocido y el temido Christian Sinclair eran la misma persona. Al cruzar su mirada con la de él, reconoció esa expresión serena, esa sonrisa contenida, y sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. Quería desaparecer, fundirse con el suelo y escapar de aquella situación antes de que empeorara aún más.
Sin decir una palabra más, agarró su bolso con manos temblorosas y caminó rápidamente hacia la puerta de cristal, con la única idea de salir de allí lo antes posible. Cada paso le parecía eterno, y en su mente solo resonaba una idea: huir antes de que la vergüenza la consumiera por completo. Pero justo cuando su mano estaba a punto de tocar el pomo de la puerta, escuchó su voz, firme y tranquila a la vez, recorriendo toda la habitación: «Ni un paso más, Olivia. Tu entrevista todavía no ha empezado». Ella se detuvo en seco, como si el tiempo se hubiera detenido, y giró la cabeza lentamente hacia él, encontrándose con esa mirada tranquila que ya conocía del avión, pero que ahora le resultaba infinitamente más intimidante estando en su propio territorio.
Respiró hondo, se giró por completo y, con una mezcla de valentía y resignación, le dijo con voz temblorosa pero decidida: «¿Sabes qué le dije a ese desconocido en el avión? Le dije que Christian Sinclair es un tirano arrogante, egocéntrico, frío e insoportable. Y ahora aquí estoy, aplicando para trabajar para ti». Christian soltó una pequeña risa contenida, como si aquello fuera la cosa más divertida que había escuchado en mucho tiempo. Inclinó ligeramente la cabeza y respondió con calma: «Te faltó mencionar que también soy emocionalmente indisponible. Pero no te preocupes, Olivia. No me ofendo por la verdad. De hecho, es algo que escucho muy poco».
Se levantó lentamente de su silla ejecutiva, rodeó el escritorio y caminó hacia ella con paso tranquilo y seguro. Tomó el currículum que ella todavía sostenía con fuerza entre sus manos, lo miró un instante a los ojos y, ante la mirada atónita de ella, lo rompió suavemente en dos mitades. El sonido del papel rompiéndose resonó de forma extraña en el silencio de la oficina. Olivia abrió los ojos, sin entender si aquello significaba que estaba despedida antes de empezar o si estaba ocurriendo algo mucho más sorprendente.
—En esta empresa todos se esfuerzan por decirme exactamente lo que creen que quiero escuchar —le explicó él con voz suave pero firme—. Nadie se atreve a contradecirme, nadie me dice lo que realmente piensa, nadie me mira a los ojos sin miedo. Y tú, en cambio, sin saber quién era, me dijiste todo lo que pensabas sin filtro alguno. Esa sinceridad es exactamente lo que necesito a mi lado. El puesto de asistente ejecutiva es tuyo.
Olivia parpadeó varias veces, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. ¿La estaban contratando precisamente por todo aquello que ella creía que eran sus peores errores? Sentía que debía estar soñando, que en cualquier momento despertaría y todo seguiría siendo una entrevista normal.
—Pero con una sola condición —añadió él, dando un paso más hacia ella, con una sonrisa que denotaba que ya tenía todo planeado—. Mañana a las siete en punto de la mañana, empiezan tus clases privadas de francés. Y seré yo mismo quien te las imparta, para asegurarme de que aprendes bien. No acepto excusas, Olivia.
Ella se quedó inmóvil, sintiendo cómo sus mejillas se encendían por completo, mientras él la miraba con esa sonrisa enigmática que le hacía preguntarse qué más tenía preparado el destino para los dos, y si aquella nueva rutina sería solo clases de francés… o algo mucho más interesante que apenas estaba empezando.