La luz de la tarde caía sobre la sala moderna. Julián entró con la mochila al hombro, la camisa azul manchada de polvo de cemento y las botas sucias. Valeria lo esperaba de pie, con su vestido rojo elegante y el rostro cerrado.
—¡Recoge tus cosas, Julián! Ahora salgo con un gerente de Altamira —dijo ella con tono despectivo.
—¿Así terminas cuatro años de matrimonio? —preguntó Julián con voz dolida.
—Yo merezco algo mejor —respondió Valeria de forma fría.
Julián bajó la mirada, pero se mantuvo tranquilo.
Esa misma noche, estaba sentado en la sala de la casa de Rebeca. Su suegra se acercó y le puso una mano en el hombro.
—Aquí tienes un lugar, Julián —le dijo con cariño.
Sonó su teléfono. Él se apartó un poco para contestar en voz baja.
—Licenciado, mañana firmamos lo de Altamira. Que nadie se entere todavía.
—¿Altamira? —preguntó Rebeca muy sorprendida.
Julián sonrió de forma misteriosa.
Poco después, la puerta se abrió: entró Valeria acompañada de Rodrigo, que llevaba un ramo de flores.
—Julián, te presento a Rodrigo, gerente de Altamira —dijo ella con aire presumido.
En cuanto lo vio, Rodrigo cambió por completo la expresión del rostro.
—¡Don Julián! ¿Usted aquí? —exclamó sorprendido.
—¿Lo conoces? —preguntó Valeria confundida.
—¡Es el nuevo dueño de Altamira! —respondió Rodrigo con seriedad.
Valeria se quedó sin palabras, inmóvil. Julián la miró en silencio.
CORTE A NEGRO.
VOZ EN OFF:
«Valeria todavía no sabía lo que le esperaba… ve al primer comentario»