La lección de Don Ernesto

El enorme comedor permanecía en silencio. La luz de la lámpara de cristal iluminaba la mesa mientras Doña Lupe caminaba con una bandeja entre las manos.

El hijo observó su reloj y golpeó la mesa con impaciencia.

—¡Doña Lupe! Le dije que la comida debía estar lista a las dos en punto.

La mujer bajó la mirada y respiró profundamente.

—Perdón, joven. El guiso tardó un poco más de lo esperado.

El hombre frunció el ceño.

—Siempre tiene una excusa.

Doña Lupe intentó explicar la situación, pero él volvió a interrumpirla.

—La ropa tampoco está lista. Si no puede hacer su trabajo, será mejor que se marche.

La mujer guardó silencio mientras sostenía la bandeja con manos temblorosas.

De repente, una voz firme resonó desde el otro extremo de la habitación.

—¡Basta!

Don Ernesto acababa de entrar al comedor.

Moraleja: La educación y el respeto valen más que el dinero y el poder. Quien humilla a los demás termina aprendiendo la lección de la manera más difícil.

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