Noemí seguía recostada sobre la cama, con el teléfono pegado al oído y el cuerpo rígido. El pitido rítmico de los monitores resonaba en toda la habitación; cada sonido le parecía más alto, como si delatara que ya no estaba inconsciente.
—¿Qué documentos? —preguntó con voz entrecortada, tratando de no temblar demasiado.
La voz del abogado llegó al otro lado de la línea, cargada de urgencia:
—Uno tiene tu firma. Y alguien va hacia tu habitación.
Ella apenas terminó de escucharlo cuando notó que la manija de la puerta empezaba a girar muy despacio, sin hacer casi ruido. No se oyeron pasos antes; quien venía quería entrar sin ser descubierto. El corazón le dio un vuelco, la garganta se le secó y apretó fuerte el teléfono entre los dedos. Miró fijamente hacia la entrada, conteniendo la respiración, y susurró:
—¿Quién está ahí?
CORTE A NEGRO.
VOZ EN OFF:
«El verdadero secreto apenas comienza… ve al primer comentario»