El dueño del banco regresó… y la empleada tembló al escuchar su decisión!

Dentro del banco, los dos gerentes estaban frente a la empleada, que seguía paralizada al saber quién era Don Tomás. De pronto, el anciano volvió y se acercó despacio al mostrador.

—Don Tomás, le pedimos disculpas por lo sucedido. Esto jamás debió pasar —dijo el primer gerente, nervioso.

La empleada bajó la cabeza, con la voz temblorosa:
—Señor, por favor, deme otra oportunidad. No sabía quién era usted.

—Ese es precisamente el problema, señorita —respondió Don Tomás con serenidad.

Dejó su carpeta sobre el mostrador y la miró directamente a los ojos:
—Si yo hubiera sido un hombre pobre de verdad, ¿también me habría tratado así?

La empleada no encontró palabras para contestar.

—La dignidad de una persona no depende del dinero que tenga en el banco —dijo él con firmeza.

El segundo gerente intervino, preocupado:
—¿Desea que la despidamos inmediatamente, señor?

Don Tomás levantó la mano para detenerlo. Observó a la mujer, que ya tenía los ojos llenos de lágrimas.

—No quiero que la despidan por haberme humillado. Quiero que aprenda a respetar a quienes más necesitan ayuda —dijo—. Desde mañana trabajará atendiendo a las personas que vienen aquí buscando ayuda. Quiero ver si puede cambiar.

El gerente asintió. La empleada empezó a llorar:
—Gracias, señor. Le prometo que cambiaré.

Don Tomás miró hacia la cámara:
—Nunca juzgues a alguien por su apariencia. No sabes la batalla que está enfrentando.

(Voz en off)
«La verdadera grandeza no está en cuánto dinero tienes, sino en cómo tratas a los demás. ¿Crees que Don Tomás hizo lo correcto?»

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