Vienes a limpiar parabrisas?»: La millonaria encubierta que despidió a su ex infiel

Dentro del amplio y brillante concesionario de autos deportivos, donde los vehículos de lujo relucían bajo las luces del techo, Elena caminaba hacia la salida con la cabeza baja y vestida con ropa desgastada. Antes de que pudiera cruzar la puerta, Carlos, su exnovio, la alcanzó. Llevaba un traje elegante y una carpeta bajo el brazo, y su rostro se iluminó con una sonrisa sarcástica.

—¿Elena? ¿De verdad eres tú? No me lo puedo creer. Vaya, parece que el destino no te ha tratado nada bien.

Junto a él se acercó una mujer de traje formal, que recorrió a Elena de arriba abajo con mirada de desprecio.

—¿En serio esta vagabunda era tu pareja, Carlos? Qué vergüenza… me daría una pena tremenda.

Carlos soltó una carcajada fuerte.
—Así es, amor. Ella juraba que se comería el mundo y mírale ahora.

Elena levantó la vista, con voz contenida pero con firmeza en los ojos.
—Te equivocas por completo, Carlos. No he venido a pedirte nada.

Él la interrumpió, burlándose aún más:
—¿Ah, no? ¿Entonces qué haces aquí? ¿Limpiar parabrisas? Hazme un favor y vete.

—Pero te aseguro que pagarás muy caro esto —respondió Elena con tono serio y desafiante.

Salió del concesionario y, al llegar a la calle, cambió por completo su postura y su semblante. Ya no caminaba encorvada; se puso derecha, segura y empoderada. Miró directamente a la cámara con una sonrisa triunfal:

—No tienen idea de que hoy compré este concesionario. Cayeron redonditos en la trampa. En diez minutos voy a regresar a firmar su carta de despido. ¿Quieres ver la cara que van a poner?

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